Compactos deportivos

Índice

¿Los de antes o los de ahora?

Durante décadas, los pequeños GTI se construyeron alrededor de una receta muy sencilla: poco peso, motores relativamente pequeños y la obligación de aprovechar cada caballo. Hoy son más rápidos, eficaces y capaces que nunca, pero también representan una forma completamente distinta de entender la conducción.

Desde finales de los años setenta, los GTI, utilitarios y compactos deportivos construyeron su carácter alrededor de una fórmula aparentemente sencilla: carrocerías pequeñas, motores relativamente potentes y el menor peso posible.
Durante muchos años, esa fue precisamente su gracia. No eran coches necesariamente muy rápidos en términos absolutos, pero podían ser extraordinariamente divertidos. Se disfrutaban por su ligereza, por la inmediatez de sus reacciones y, sobre todo, porque exigían conducirlos bien.

Había que mantener la velocidad, elegir correctamente la marcha, colocar el coche antes de entrar en la curva y trabajar para aprovechar cada caballo. Se movían, se balanceaban, serpenteaban y obligaban al conductor a implicarse mucho más.
Muchos ni siquiera alcanzaban los 1.000 kilos. Después fueron superando progresivamente los 1.200 y 1.300, mientras la potencia aumentaba para compensarlo. Finalmente llegaron los compactos de 300, 350 e incluso más de 400 CV, capaces de ofrecer prestaciones que hace unas décadas pertenecían a deportivos de categoría muy superior.

La pregunta es inevitable:

¿Hemos cambiado una forma de diversión por otra?

Los compactos deportivos modernos no son peores. Todo lo contrario: nunca habían sido tan rápidos, seguros, rígidos y capaces.

Tienen enormes frenos, neumáticos extraordinarios, diferenciales sofisticados, suspensiones adaptativas y sistemas electrónicos capaces de gestionar potencias que hace no demasiado tiempo parecían incompatibles con un automóvil práctico de tracción delantera o total.

Pero esa capacidad también ha cambiado la manera de disfrutarlos.

Antes, un pequeño GTI permitía sentir cómo se desplazaba el peso, cómo trabajaba el eje delantero y cómo la trasera comenzaba a insinuarse sin necesidad de alcanzar velocidades desproporcionadas. Hoy, muchos compactos apenas empiezan a mostrar todo su potencial cuando la velocidad ya resulta difícilmente compatible con una carretera pública.

No creemos que una época sea necesariamente mejor que la otra, pero sí representan dos maneras completamente distintas de entender un automóvil deportivo.

El Golf GTI y el nacimiento de una categoría

El Volkswagen Golf GTI no fue literalmente el primer coche pequeño y rápido de la historia, pero sí fue el automóvil que convirtió esta fórmula en una categoría reconocible.

Cuando comenzó a comercializarse en 1976, combinaba 110 CV con un peso cercano a los 810 kilos. Era práctico, discreto, relativamente asequible y suficientemente rápido para inquietar a coches mucho más serios.

A partir de entonces, casi todos los fabricantes quisieron crear su propia interpretación.

Peugeot encontró su fórmula con el 205 GTI y el 205 Rallye; Renault con el 5 GT Turbo, el Clio 16V y el Williams; Citroën con el AX Sport, el AX GTI y posteriormente el Saxo VTS; Fiat con el Uno Turbo; Opel con los Kadett, Corsa y Astra GSi; Honda con sus Civic VTi y Type R; y los fabricantes japoneses introdujeron propuestas tan particulares como el Suzuki Swift GTI, el Daihatsu Charade GTti, el Mazda 323 GT-R o el Nissan Sunny GTI-R.

Todos eran distintos, pero compartían una idea común: hacer rápido un coche ligero.

1976–1999: la época de la ligereza

Durante estas dos décadas, los pequeños deportivos y GTI solían moverse entre los 700 y los 1.100 kilos, con potencias que normalmente oscilaban entre 90 y 160 CV.

Existieron excepciones bastante más sofisticadas, como el Nissan Sunny GTI-R o el Mazda 323 GT-R, con turbo y tracción total, pero incluso aquellos compactos de homologación apenas superaban los 1.200 kilos.

Nota sobre las cifras: los pesos son aproximados y corresponden, siempre que ha sido posible, al peso en orden de marcha de la versión europea más representativa. Pueden existir diferencias según el país, el equipamiento y el sistema de homologación empleado.

Hemos seleccionado los compactos mapas representativos entre 1976 y el año 2000. ¡Es posible que falten alguno! 

Modelo

Año

Potencia

Peso en orden de marcha aprox.

Volkswagen Golf I GTI 1.6

1976

110 CV

810 kg

Renault 5 Alpine

1976

93 CV

850 kg

Ford Fiesta XR2 Mk1

1981

84 CV

800 kg

Fiat Ritmo Abarth 125 TC

1981

125 CV

950 kg

Renault 5 Alpine Turbo

1981

110 CV

870 kg

Volkswagen Golf I GTI 1.8

1982

112 CV

840 kg

Ford Escort XR3i

1982

105 CV

960 kg

Fiat Ritmo Abarth 130 TC

1983

130 CV

970 kg

Volkswagen Golf II GTI 8V

1984

112 CV

920 kg

Peugeot 205 GTI 

1984

105–115 CV

850 kg

Ford Fiesta XR2 Mk2

1984

96 CV

840 kg

Opel Kadett GSi 1.8

1984

115 CV

950 kg

Renault 5 GT Turbo Fase 1

1985

115 CV

850 kg

Fiat Uno Turbo i.e. Mk1

1985

105 CV

845 kg

Ford Escort RS Turbo

1985

132 CV

980 kg

Volkswagen Golf II GTI 16V

1986

139 CV

960 kg

Peugeot 205 GTI 1.9

1986

130 CV

910 kg

Suzuki Swift GTI

1986

101 CV

750 kg

Mazda 323 4WD Turbo

1986

150 CV

1.100 kg

Citroën AX Sport

1987

95 CV

720 kg

Peugeot 309 GTI

1987

130 CV

930 kg

Opel Kadett GSi 2.0

1987

130 CV

970 kg

Opel Kadett GSi 16V

1987

156 CV

1.045 kg

Toyota Corolla GT-i 16 AE92

1987

125 CV

1.050 kg

Daihatsu Charade GTti

1987

101 CV

810 kg

Peugeot 205 Rallye

1988

103 CV

795 kg

Renault 5 GT Turbo Fase 2

1988

120 CV

855 kg

Citroën AX GT

1988

85 CV

720 kg

SEAT Ibiza SXI

1988

100 CV

900 kg

Mitsubishi Colt GTi 16V

1988

125 CV

960 kg

Peugeot 309 GTI 16

1989

160 CV

975 kg

Fiat Uno Turbo i.e. Mk2

1989

118 CV

925 kg

Volkswagen Polo G40

1989

113 CV

830 kg

Volkswagen Golf II G60

1990

160 CV

1.080 kg

Ford Fiesta RS Turbo

1990

133 CV

910 kg

Renault 19 16V

1990

140 CV

1.075 kg

Nissan Sunny/Pulsar GTI-R

1990

220–230 CV

1.220 kg

Mazda 323 GTX

1990

163 CV

1.160 kg

Rover Metro Turbo

1990

93 CV

830 kg

Renault Clio 16V

1991

140 CV

975 kg

Citroën AX GTI

1991

100 CV

795 kg

Opel Astra F GSi 16V

1991

150 CV

1.100 kg

Ford Escort RS2000

1991

150 CV

1.125 kg

Nissan Sunny GTI 16V

1991

143 CV

1.100 kg

Lancia Delta HF Turbo i.e.

1991

140 CV

1.030 kg

Honda Civic VTi EG6

1992

160 CV

1.040 kg

Volkswagen Golf III GTI 8V

1992

115 CV

1.110 kg

Citroën ZX 16V

1992

155–167 CV

1.140 kg

Mazda 323 GT-R

1992

185–210 CV

1.210 kg

Renault Clio Williams

1993

147 CV

990 kg

Peugeot 106 Rallye 1.3

1993

100 CV

825 kg

SEAT Ibiza GTI 2.0 8V

1993

115 CV

1.000 kg

Fiat Punto GT

1993

136 CV

1.000 kg

Volkswagen Golf III GTI 16V

1993

150 CV

1.160 kg

Opel Corsa B GSi 16V

1994

109 CV

990 kg

Peugeot 306 S16

1994

155 CV

1.160 kg

Honda Civic VTi EK4

1995

160 CV

1.080 kg

Alfa Romeo 145 QV

1995

150 CV

1.240 kg

Nissan Almera GTI N15

1995

143 CV

1.170 kg

Lancia Delta HPE 2.0 HF Turbo

1995

193 CV

1.250 kg

Peugeot 106 Rallye 1.6

1996

103 CV

865 kg

Peugeot 106 GTI/S16

1996

120 CV

950 kg

Citroën Saxo VTR

1996

90 CV

935 kg

Citroën Saxo VTS 16V

1996

120 CV

935 kg

Peugeot 306 GTI-6

1996

167 CV

1.215 kg

SEAT Ibiza Cupra 16V

1996

150 CV

1.040 kg

Honda Civic Type R EK9

1997

185 CV

1.050 kg

Volkswagen Golf IV GTI 1.8T

1998

150 CV

1.280 kg

SEAT Ibiza Cupra 2

1998

150 CV

1.050 kg

Fiat Bravo HGT

1998

147–155 CV

1.190 kg

Audi S3 8L

1999

210 CV

1.375 kg

Peugeot 206 GTI

1999

136 CV

1.050 kg

Rover 200 BRM

1999

145 CV

1.155 kg

Un Citroën AX Sport combinaba 95 CV con solo 720 kilos. Un Peugeot 205 Rallye no llegaba a 800. El Suzuki Swift GTI se quedaba en unos 750 kilos, mientras que coches mucho más potentes, como el Honda Civic Type R EK9, seguían rondando únicamente los 1.050.

Incluso los modelos más sofisticados conservaban cifras muy contenidas. El Nissan Sunny GTI-R combinaba más de 220 CV, turbo y tracción total con aproximadamente 1.220 kilos. El Mazda 323 GT-R ofrecía una receta parecida con un peso apenas superior a 1.200.

No necesitaban cifras extraordinarias porque la ligereza intervenía en todo: aceleración, frenada, cambios de apoyo, agilidad y desgaste de los componentes.

A finales de los noventa, sin embargo, ya empezaba a apreciarse el cambio. El Golf IV GTI y el Audi S3 eran coches más grandes, confortables, aislados y equipados. También eran bastante más pesados.

En cierto modo, anticipaban el camino que terminaría siguiendo toda la categoría.

El Clio RS 182: uno de los últimos de la vieja escuela

Si hubiera que señalar un automóvil que representase el final de aquella filosofía, probablemente habría que mirar al Renault Clio RS 182 de 2004.

Tenía un motor atmosférico de dos litros, cambio manual, tracción delantera, 182 CV y un peso cercano a los 1.090 kilos. Era rápido, pero seguía siendo un coche en el que la diversión dependía mucho más del equilibrio general que de una cifra bruta de potencia.

Había que utilizar el cambio, mantener el motor en la zona adecuada del cuentavueltas, conservar la velocidad y comprender cómo trabajaba el chasis.

No fue literalmente el último deportivo pequeño y ligero. Después aparecieron excepciones tan interesantes como el Suzuki Swift Sport, el Volkswagen up! GTI, el Toyota Yaris GRMN o el Hyundai i20 N.

Pero el Clio 182 fue posiblemente uno de los últimos en reunir de forma tan clara todos los ingredientes de la receta original: motor atmosférico, cambio manual, poco más de una tonelada y una potencia que todavía exigía aprovechar cada caballo.

2000–2026: más peso, más potencia y más complejidad

A partir del cambio de siglo, la evolución se aceleró.

Las exigencias de seguridad, el aumento de tamaño, la mayor rigidez estructural, el equipamiento, los motores turbo, los frenos más grandes, las ruedas, los sistemas electrónicos y, en algunos casos, la tracción total fueron empujando a estos coches hacia otra dimensión.

Primero superaron los 1.200 kilos. Después, los 1.300 y los 1.400. Finalmente aparecieron compactos con más de 300 CV y pesos cercanos o superiores a los 1.500 kilos.

Modelo

Año

Potencia

Peso en orden de marcha aprox.

Renault Clio RS 172

2000

172 CV

1.035 kg

Volkswagen Polo GTI 6N2

2000

125 CV

1.100 kg

Škoda Octavia RS Mk1

2000

180 CV

1.340 kg

Toyota Yaris T Sport

2001

105 CV

960 kg

Honda Civic Type R EP3

2001

200 CV

1.204 kg

Alfa Romeo 147 GTA

2002

250 CV

1.360 kg

Ford Focus RS Mk1

2002

215 CV

1.280 kg

Ford Focus ST170

2002

170 CV

1.215 kg

Volkswagen Golf IV R32

2002

241 CV

1.510 kg

MINI Cooper S R53

2002

163 CV

1.140 kg

Toyota Corolla T Sport

2002

192 CV

1.215 kg

MG ZR 160

2002

160 CV

1.140 kg

Opel Astra G OPC

2002

200 CV

1.280 kg

Peugeot 206 RC

2003

177 CV

1.100 kg

Škoda Fabia RS 1.9 TDI

2003

130 CV

1.315 kg

Renault Clio RS 182

2004

182 CV

1.090 kg

Volkswagen Golf V GTI

2004

200 CV

1.335 kg

Renault Mégane RS 225

2004

225 CV

1.355 kg

Ford Fiesta ST150

2004

150 CV

1.135 kg

SEAT León Cupra R

2004

225 CV

1.320 kg

SEAT Ibiza Cupra 1.8T

2004

180 CV

1.160 kg

MINI John Cooper Works R53

2004

210 CV

1.145 kg

Volkswagen Polo GTI 9N

2005

150 CV

1.190 kg

Toyota Corolla Compressor

2005

225 CV

1.275 kg

Nissan Micra 160SR

2005

110 CV

1.090 kg

Citroën C2 VTS

2005

125 CV

1.045 kg

Citroën C4 VTS

2005

180 CV

1.335 kg

Ford Focus ST Mk2

2005

225 CV

1.390 kg

BMW 130i

2005

265 CV

1.450 kg

Renault Clio RS 197

2006

197 CV

1.240 kg

Opel Astra H OPC

2006

240 CV

1.395 kg

Peugeot 207 RC

2006

175 CV

1.325 kg

SEAT León Cupra Mk2

2006

240 CV

1.375 kg

Mazda3 MPS Mk1

2006

260 CV

1.485 kg

Mitsubishi Colt CZT/Ralliart

2006

150 CV

1.070 kg

Volvo C30 T5

2006

220–230 CV

1.430 kg

MINI Cooper S GP1

2006

218 CV

1.090 kg

Honda Civic Type R FN2

2007

201 CV

1.324 kg

Opel Corsa D OPC

2007

192 CV

1.205 kg

Toyota Yaris TS 1.8

2007

133 CV

1.055 kg

MINI Cooper S R56

2007

175 CV

1.205 kg

Subaru Impreza WRX STI hatchback

2008

300 CV

1.505 kg

Alfa Romeo MiTo Quadrifoglio Verde

2009

170 CV

1.145 kg

Ford Focus RS Mk2

2009

305 CV

1.467 kg

Volkswagen Golf VI GTI

2009

210 CV

1.340 kg

Volkswagen Golf VI R

2009

270 CV

1.540 kg

Renault Clio RS 200

2009

200 CV

1.240 kg

SEAT León Cupra R Mk2

2009

265 CV

1.375 kg

Mazda3 MPS Mk2

2009

260 CV

1.505 kg

Alfa Romeo Giulietta Quadrifoglio Verde

2010

235 CV

1.395 kg

Škoda Fabia RS 1.4 TSI

2010

180 CV

1.320 kg

Volkswagen Polo GTI 6R

2010

180 CV

1.195 kg

DS3 Racing

2010

207 CV

1.240 kg

Lancia Delta 1.8 Di TurboJet

2010

200 CV

1.430 kg

Abarth 500 Esseesse

2010

160 CV

1.035 kg

Audi RS3 8P

2011

340 CV

1.575 kg

Opel Corsa OPC Nürburgring Edition

2011

210 CV

1.205 kg

Ford Focus ST Mk3

2012

250 CV

1.435 kg

Renault Mégane RS 265

2012

265 CV

1.385 kg

BMW M135i

2012

320 CV

1.500 kg

Opel Astra J OPC

2012

280 CV

1.550 kg

MINI Cooper S GP2

2012

218 CV

1.160 kg

Peugeot 208 GTI

2013

200 CV

1.160 kg

Volkswagen Golf VII GTI

2013

220–230 CV

1.350 kg

Audi S3 8V

2013

300 CV

1.465 kg

Mercedes-AMG A 45

2013

360 CV

1.555 kg

Kia cee’d GT

2013

204 CV

1.360 kg

Audi S1

2014

231 CV

1.390 kg

Alfa Romeo Giulietta QV

2014

240 CV

1.395 kg

Peugeot 208 GTI 30th/by Peugeot Sport

2014

208 CV

1.160 kg

Abarth 695 Biposto

2014

190 CV

997 kg

MINI Cooper S F56

2014

192 CV

1.235 kg

Honda Civic Type R FK2

2015

310 CV

1.382 kg

Renault Clio RS 220 Trophy

2015

220 CV

1.220 kg

Peugeot 308 GTI

2015

250–270 CV

1.205 kg

MINI John Cooper Works F56

2015

231 CV

1.280 kg

SEAT Ibiza Cupra

2015

192 CV

1.185 kg

Ford Focus RS Mk3

2016

350 CV

1.524 kg

Ford Fiesta ST200

2016

200 CV

1.165 kg

Volkswagen Golf VII GTI Clubsport S

2016

310 CV

1.285 kg

BMW M140i

2016

340 CV

1.525 kg

DS3 Performance

2016

208 CV

1.240 kg

Opel Corsa E OPC

2016

207 CV

1.280 kg

Honda Civic Type R FK8

2017

320 CV

1.380 kg

Hyundai i30 N Performance

2017

275 CV

1.430 kg

Toyota Yaris GRMN

2017

212 CV

1.135 kg

SEAT León Cupra 300

2017

300 CV

1.365 kg

Audi RS3 8V

2017

400 CV

1.595 kg

Suzuki Swift Sport Mk3

2017

140 CV

970 kg

Volkswagen Polo GTI AW

2017

200 CV

1.280 kg

Volkswagen up! GTI

2018

115 CV

1.070 kg

Mercedes-AMG A 35

2018

306 CV

1.555 kg

Abarth 595 Competizione

2018

180 CV

1.110 kg

Kia ProCeed GT

2019

204 CV

1.465 kg

Mercedes-AMG A 45 S

2019

421 CV

1.635 kg

BMW M135i xDrive F40

2019

306 CV

1.600 kg

Renault Mégane RS Trophy

2019

300 CV

1.450 kg

MINI John Cooper Works GP3

2019

306 CV

1.255 kg

Toyota GR Yaris

2020

261 CV

1.280 kg

Volkswagen Golf VIII GTI

2020

245 CV

1.460 kg

Volkswagen Golf VIII R

2020

320 CV

1.550 kg

CUPRA León VZ

2020

300 CV

1.460 kg

Škoda Octavia RS Mk4

2020

245 CV

1.515 kg

Hyundai i20 N

2021

204 CV

1.190 kg

Audi S3 8Y

2021

310 CV

1.555 kg

Audi RS3 8Y

2021

400 CV

1.645 kg

Volkswagen Polo GTI

2021

207 CV

1.350 kg

Honda Civic Type R FL5

2022

329 CV

1.429 kg

Toyota GR Corolla

2023

304 CV

1.475 kg

MG4 XPower eléctrico

2023

435 CV

1.800 kg

Ford Focus ST Edition

2024

280 CV

1.510 kg

Škoda Octavia RS actualizado

2024

265 CV

1.520 kg

CUPRA Born VZ eléctrico

2024

326 CV

2.000 kg

Alpine A290 GTS eléctrico

2024

220 CV

1.480 kg

Abarth 600e Scorpionissima eléctrico

2024

280 CV

1.625 kg

Volkswagen ID.3 GTX Performance eléctrico

2025

326 CV

2.000 kg

Volkswagen Golf GTI Edition 50

2026

325 CV

1.450 kg

La tabla muestra cómo la potencia creció de una forma mucho más rápida que el peso.

El Honda Civic Type R EP3 ya cruzaba simbólicamente las fronteras de los 200 CV y los 1.200 kilos. El Focus RS pasó de 215 CV en 2002 a 305 en 2009 y 350 en su tercera generación. El Audi RS3 llegó a 400 CV y el Mercedes-AMG A 45 S superó incluso esa cifra.

Estos automóviles ya no son simplemente versiones deportivas de un compacto convencional. En prestaciones, frenada, tracción y capacidad dinámica se acercan a deportivos muy serios.

De hacer rápido un coche ligero a ocultar el peso con potencia

La transformación puede resumirse de una manera bastante sencilla.

Durante los años ochenta, muchos de estos coches pesaban entre 700 y 950 kilos y ofrecían entre 90 y 130 CV. En los noventa, el peso comenzó a acercarse a los 1.000 o 1.100 kilos, mientras la potencia alcanzaba con frecuencia los 150 o 160 CV.

A comienzos de los años 2000, los compactos comenzaron a superar los 1.200 y 1.300 kilos. Para compensarlo, aparecieron motores de 200, 225 y 250 CV.

Después llegó el salto definitivo: 300, 350 y más de 400 CV, diferenciales activos, cambios de doble embrague y tracción total.

El objetivo dejó de ser únicamente hacer rápido un coche ligero. La industria comenzó a construir coches mucho más potentes y sofisticados, capaces de disimular su peso mediante una enorme capacidad mecánica y electrónica.

Más rápidos, pero no necesariamente más aprovechables

Los compactos deportivos actuales son objetivamente mejores en casi todos los parámetros medibles.

Aceleran más, frenan mejor, generan más adherencia, protegen mejor a sus ocupantes y permiten viajar con una comodidad que muchos de sus antecesores no podían ofrecer.

Pero la diversión no siempre puede medirse mediante un cronómetro.

Antes, estos coches se disfrutaban por su ligereza, por la inmediatez de sus reacciones y porque había que trabajar para aprovechar cada caballo. No eran necesariamente muy rápidos, pero podían ser tremendamente divertidos.

Se movían, se balanceaban, serpenteaban y obligaban al conductor a intervenir constantemente.

Hoy, para acercarse al límite de un compacto de 300 o 350 CV, hay que viajar a velocidades mucho más serias. La enorme capacidad del chasis, los neumáticos y los frenos hace que sus posibilidades apenas puedan explorarse con responsabilidad en una carretera pública.

No es que hayan perdido la diversión. La han desplazado hacia otro escenario.

Su entorno natural es cada vez más el circuito, donde existe espacio suficiente para frenar fuerte, utilizar toda la potencia y acercarse al límite de un coche extraordinariamente eficaz.

La categoría que prácticamente ha desaparecido

Quizá el problema no sea que los compactos deportivos modernos hayan empeorado. Todo lo contrario: nunca habían sido tan rápidos y capaces.

Lo que prácticamente ha desaparecido es otra categoría distinta: la del pequeño GTI ligero, relativamente barato, sencillo de mantener y con una potencia que podía aprovecharse casi por completo en una buena carretera.

¿Qué coche nuevo puede sustituir realmente a un Peugeot 205 GTI, un Renault Clio RS 182 o un Suzuki Swift GTI?

Probablemente ninguno de forma directa.

Han existido intentos de conservar parte de aquella filosofía. El Suzuki Swift Sport mantuvo un peso inferior a la tonelada; el Volkswagen up! GTI recuperó deliberadamente una potencia modesta; el Hyundai i20 N ofreció una receta bastante tradicional; y el Toyota GR Yaris consiguió mantener un tamaño reducido y un peso razonable.

Pero incluso estos coches pertenecen ya a otro contexto técnico, normativo y económico.

¿Qué preferimos?

No creemos que una época sea necesariamente mejor que la otra.

Un compacto moderno de 300 CV puede ser una máquina extraordinaria: rápido, eficaz, seguro y capaz de enfrentarse en circuito a deportivos mucho más caros.

Un pequeño GTI de los años ochenta o noventa no puede competir con él en prestaciones, pero ofrece una relación más directa entre el conductor, el peso, el motor y la carretera.

Son dos maneras completamente diferentes de entender la conducción.

Una obliga a trabajar con lo que tiene.

La otra permite alcanzar prestaciones que hace unas décadas parecían imposibles en un automóvil práctico.

La pregunta permanece abierta:

¿Qué prefieres: 900 kilos y 160 CV o 1.500 kilos y más de 300?

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