¿Los de antes o los de ahora?
Durante décadas, los pequeños GTI se construyeron alrededor de una receta muy sencilla: poco peso, motores relativamente pequeños y la obligación de aprovechar cada caballo. Hoy son más rápidos, eficaces y capaces que nunca, pero también representan una forma completamente distinta de entender la conducción.
Desde finales de los años setenta, los GTI, utilitarios y compactos deportivos construyeron su carácter alrededor de una fórmula aparentemente sencilla: carrocerías pequeñas, motores relativamente potentes y el menor peso posible.
Durante muchos años, esa fue precisamente su gracia. No eran coches necesariamente muy rápidos en términos absolutos, pero podían ser extraordinariamente divertidos. Se disfrutaban por su ligereza, por la inmediatez de sus reacciones y, sobre todo, porque exigían conducirlos bien.
Había que mantener la velocidad, elegir correctamente la marcha, colocar el coche antes de entrar en la curva y trabajar para aprovechar cada caballo. Se movían, se balanceaban, serpenteaban y obligaban al conductor a implicarse mucho más.
Muchos ni siquiera alcanzaban los 1.000 kilos. Después fueron superando progresivamente los 1.200 y 1.300, mientras la potencia aumentaba para compensarlo. Finalmente llegaron los compactos de 300, 350 e incluso más de 400 CV, capaces de ofrecer prestaciones que hace unas décadas pertenecían a deportivos de categoría muy superior.
La pregunta es inevitable:

¿Hemos cambiado una forma de diversión por otra?
Los compactos deportivos modernos no son peores. Todo lo contrario: nunca habían sido tan rápidos, seguros, rígidos y capaces.
Tienen enormes frenos, neumáticos extraordinarios, diferenciales sofisticados, suspensiones adaptativas y sistemas electrónicos capaces de gestionar potencias que hace no demasiado tiempo parecían incompatibles con un automóvil práctico de tracción delantera o total.
Pero esa capacidad también ha cambiado la manera de disfrutarlos.
Antes, un pequeño GTI permitía sentir cómo se desplazaba el peso, cómo trabajaba el eje delantero y cómo la trasera comenzaba a insinuarse sin necesidad de alcanzar velocidades desproporcionadas. Hoy, muchos compactos apenas empiezan a mostrar todo su potencial cuando la velocidad ya resulta difícilmente compatible con una carretera pública.
No creemos que una época sea necesariamente mejor que la otra, pero sí representan dos maneras completamente distintas de entender un automóvil deportivo.

El Golf GTI y el nacimiento de una categoría
El Volkswagen Golf GTI no fue literalmente el primer coche pequeño y rápido de la historia, pero sí fue el automóvil que convirtió esta fórmula en una categoría reconocible.
Cuando comenzó a comercializarse en 1976, combinaba 110 CV con un peso cercano a los 810 kilos. Era práctico, discreto, relativamente asequible y suficientemente rápido para inquietar a coches mucho más serios.
A partir de entonces, casi todos los fabricantes quisieron crear su propia interpretación.
Peugeot encontró su fórmula con el 205 GTI y el 205 Rallye; Renault con el 5 GT Turbo, el Clio 16V y el Williams; Citroën con el AX Sport, el AX GTI y posteriormente el Saxo VTS; Fiat con el Uno Turbo; Opel con los Kadett, Corsa y Astra GSi; Honda con sus Civic VTi y Type R; y los fabricantes japoneses introdujeron propuestas tan particulares como el Suzuki Swift GTI, el Daihatsu Charade GTti, el Mazda 323 GT-R o el Nissan Sunny GTI-R.
Todos eran distintos, pero compartían una idea común: hacer rápido un coche ligero.

1976–1999: la época de la ligereza
Durante estas dos décadas, los pequeños deportivos y GTI solían moverse entre los 700 y los 1.100 kilos, con potencias que normalmente oscilaban entre 90 y 160 CV.
Existieron excepciones bastante más sofisticadas, como el Nissan Sunny GTI-R o el Mazda 323 GT-R, con turbo y tracción total, pero incluso aquellos compactos de homologación apenas superaban los 1.200 kilos.
Nota sobre las cifras: los pesos son aproximados y corresponden, siempre que ha sido posible, al peso en orden de marcha de la versión europea más representativa. Pueden existir diferencias según el país, el equipamiento y el sistema de homologación empleado.
Hemos seleccionado los compactos mapas representativos entre 1976 y el año 2000. ¡Es posible que falten alguno!
Modelo | Año | Potencia | Peso en orden de marcha aprox. |
Volkswagen Golf I GTI 1.6 | 1976 | 110 CV | 810 kg |
Renault 5 Alpine | 1976 | 93 CV | 850 kg |
Ford Fiesta XR2 Mk1 | 1981 | 84 CV | 800 kg |
Fiat Ritmo Abarth 125 TC | 1981 | 125 CV | 950 kg |
Renault 5 Alpine Turbo | 1981 | 110 CV | 870 kg |
Volkswagen Golf I GTI 1.8 | 1982 | 112 CV | 840 kg |
Ford Escort XR3i | 1982 | 105 CV | 960 kg |
Fiat Ritmo Abarth 130 TC | 1983 | 130 CV | 970 kg |
Volkswagen Golf II GTI 8V | 1984 | 112 CV | 920 kg |
Peugeot 205 GTI | 1984 | 105–115 CV | 850 kg |
Ford Fiesta XR2 Mk2 | 1984 | 96 CV | 840 kg |
Opel Kadett GSi 1.8 | 1984 | 115 CV | 950 kg |
Renault 5 GT Turbo Fase 1 | 1985 | 115 CV | 850 kg |
Fiat Uno Turbo i.e. Mk1 | 1985 | 105 CV | 845 kg |
Ford Escort RS Turbo | 1985 | 132 CV | 980 kg |
Volkswagen Golf II GTI 16V | 1986 | 139 CV | 960 kg |
Peugeot 205 GTI 1.9 | 1986 | 130 CV | 910 kg |
Suzuki Swift GTI | 1986 | 101 CV | 750 kg |
Mazda 323 4WD Turbo | 1986 | 150 CV | 1.100 kg |
Citroën AX Sport | 1987 | 95 CV | 720 kg |
Peugeot 309 GTI | 1987 | 130 CV | 930 kg |
Opel Kadett GSi 2.0 | 1987 | 130 CV | 970 kg |
Opel Kadett GSi 16V | 1987 | 156 CV | 1.045 kg |
Toyota Corolla GT-i 16 AE92 | 1987 | 125 CV | 1.050 kg |
Daihatsu Charade GTti | 1987 | 101 CV | 810 kg |
Peugeot 205 Rallye | 1988 | 103 CV | 795 kg |
Renault 5 GT Turbo Fase 2 | 1988 | 120 CV | 855 kg |
Citroën AX GT | 1988 | 85 CV | 720 kg |
SEAT Ibiza SXI | 1988 | 100 CV | 900 kg |
Mitsubishi Colt GTi 16V | 1988 | 125 CV | 960 kg |
Peugeot 309 GTI 16 | 1989 | 160 CV | 975 kg |
Fiat Uno Turbo i.e. Mk2 | 1989 | 118 CV | 925 kg |
Volkswagen Polo G40 | 1989 | 113 CV | 830 kg |
Volkswagen Golf II G60 | 1990 | 160 CV | 1.080 kg |
Ford Fiesta RS Turbo | 1990 | 133 CV | 910 kg |
Renault 19 16V | 1990 | 140 CV | 1.075 kg |
Nissan Sunny/Pulsar GTI-R | 1990 | 220–230 CV | 1.220 kg |
Mazda 323 GTX | 1990 | 163 CV | 1.160 kg |
Rover Metro Turbo | 1990 | 93 CV | 830 kg |
Renault Clio 16V | 1991 | 140 CV | 975 kg |
Citroën AX GTI | 1991 | 100 CV | 795 kg |
Opel Astra F GSi 16V | 1991 | 150 CV | 1.100 kg |
Ford Escort RS2000 | 1991 | 150 CV | 1.125 kg |
Nissan Sunny GTI 16V | 1991 | 143 CV | 1.100 kg |
Lancia Delta HF Turbo i.e. | 1991 | 140 CV | 1.030 kg |
Honda Civic VTi EG6 | 1992 | 160 CV | 1.040 kg |
Volkswagen Golf III GTI 8V | 1992 | 115 CV | 1.110 kg |
Citroën ZX 16V | 1992 | 155–167 CV | 1.140 kg |
Mazda 323 GT-R | 1992 | 185–210 CV | 1.210 kg |
Renault Clio Williams | 1993 | 147 CV | 990 kg |
Peugeot 106 Rallye 1.3 | 1993 | 100 CV | 825 kg |
SEAT Ibiza GTI 2.0 8V | 1993 | 115 CV | 1.000 kg |
Fiat Punto GT | 1993 | 136 CV | 1.000 kg |
Volkswagen Golf III GTI 16V | 1993 | 150 CV | 1.160 kg |
Opel Corsa B GSi 16V | 1994 | 109 CV | 990 kg |
Peugeot 306 S16 | 1994 | 155 CV | 1.160 kg |
Honda Civic VTi EK4 | 1995 | 160 CV | 1.080 kg |
Alfa Romeo 145 QV | 1995 | 150 CV | 1.240 kg |
Nissan Almera GTI N15 | 1995 | 143 CV | 1.170 kg |
Lancia Delta HPE 2.0 HF Turbo | 1995 | 193 CV | 1.250 kg |
Peugeot 106 Rallye 1.6 | 1996 | 103 CV | 865 kg |
Peugeot 106 GTI/S16 | 1996 | 120 CV | 950 kg |
Citroën Saxo VTR | 1996 | 90 CV | 935 kg |
Citroën Saxo VTS 16V | 1996 | 120 CV | 935 kg |
Peugeot 306 GTI-6 | 1996 | 167 CV | 1.215 kg |
SEAT Ibiza Cupra 16V | 1996 | 150 CV | 1.040 kg |
Honda Civic Type R EK9 | 1997 | 185 CV | 1.050 kg |
Volkswagen Golf IV GTI 1.8T | 1998 | 150 CV | 1.280 kg |
SEAT Ibiza Cupra 2 | 1998 | 150 CV | 1.050 kg |
Fiat Bravo HGT | 1998 | 147–155 CV | 1.190 kg |
Audi S3 8L | 1999 | 210 CV | 1.375 kg |
Peugeot 206 GTI | 1999 | 136 CV | 1.050 kg |
Rover 200 BRM | 1999 | 145 CV | 1.155 kg |
Un Citroën AX Sport combinaba 95 CV con solo 720 kilos. Un Peugeot 205 Rallye no llegaba a 800. El Suzuki Swift GTI se quedaba en unos 750 kilos, mientras que coches mucho más potentes, como el Honda Civic Type R EK9, seguían rondando únicamente los 1.050.
Incluso los modelos más sofisticados conservaban cifras muy contenidas. El Nissan Sunny GTI-R combinaba más de 220 CV, turbo y tracción total con aproximadamente 1.220 kilos. El Mazda 323 GT-R ofrecía una receta parecida con un peso apenas superior a 1.200.
No necesitaban cifras extraordinarias porque la ligereza intervenía en todo: aceleración, frenada, cambios de apoyo, agilidad y desgaste de los componentes.
A finales de los noventa, sin embargo, ya empezaba a apreciarse el cambio. El Golf IV GTI y el Audi S3 eran coches más grandes, confortables, aislados y equipados. También eran bastante más pesados.
En cierto modo, anticipaban el camino que terminaría siguiendo toda la categoría.
El Clio RS 182: uno de los últimos de la vieja escuela
Si hubiera que señalar un automóvil que representase el final de aquella filosofía, probablemente habría que mirar al Renault Clio RS 182 de 2004.
Tenía un motor atmosférico de dos litros, cambio manual, tracción delantera, 182 CV y un peso cercano a los 1.090 kilos. Era rápido, pero seguía siendo un coche en el que la diversión dependía mucho más del equilibrio general que de una cifra bruta de potencia.
Había que utilizar el cambio, mantener el motor en la zona adecuada del cuentavueltas, conservar la velocidad y comprender cómo trabajaba el chasis.
No fue literalmente el último deportivo pequeño y ligero. Después aparecieron excepciones tan interesantes como el Suzuki Swift Sport, el Volkswagen up! GTI, el Toyota Yaris GRMN o el Hyundai i20 N.
Pero el Clio 182 fue posiblemente uno de los últimos en reunir de forma tan clara todos los ingredientes de la receta original: motor atmosférico, cambio manual, poco más de una tonelada y una potencia que todavía exigía aprovechar cada caballo.


2000–2026: más peso, más potencia y más complejidad
A partir del cambio de siglo, la evolución se aceleró.
Las exigencias de seguridad, el aumento de tamaño, la mayor rigidez estructural, el equipamiento, los motores turbo, los frenos más grandes, las ruedas, los sistemas electrónicos y, en algunos casos, la tracción total fueron empujando a estos coches hacia otra dimensión.
Primero superaron los 1.200 kilos. Después, los 1.300 y los 1.400. Finalmente aparecieron compactos con más de 300 CV y pesos cercanos o superiores a los 1.500 kilos.
Modelo | Año | Potencia | Peso en orden de marcha aprox. |
Renault Clio RS 172 | 2000 | 172 CV | 1.035 kg |
Volkswagen Polo GTI 6N2 | 2000 | 125 CV | 1.100 kg |
Škoda Octavia RS Mk1 | 2000 | 180 CV | 1.340 kg |
Toyota Yaris T Sport | 2001 | 105 CV | 960 kg |
Honda Civic Type R EP3 | 2001 | 200 CV | 1.204 kg |
Alfa Romeo 147 GTA | 2002 | 250 CV | 1.360 kg |
Ford Focus RS Mk1 | 2002 | 215 CV | 1.280 kg |
Ford Focus ST170 | 2002 | 170 CV | 1.215 kg |
Volkswagen Golf IV R32 | 2002 | 241 CV | 1.510 kg |
MINI Cooper S R53 | 2002 | 163 CV | 1.140 kg |
Toyota Corolla T Sport | 2002 | 192 CV | 1.215 kg |
MG ZR 160 | 2002 | 160 CV | 1.140 kg |
Opel Astra G OPC | 2002 | 200 CV | 1.280 kg |
Peugeot 206 RC | 2003 | 177 CV | 1.100 kg |
Škoda Fabia RS 1.9 TDI | 2003 | 130 CV | 1.315 kg |
Renault Clio RS 182 | 2004 | 182 CV | 1.090 kg |
Volkswagen Golf V GTI | 2004 | 200 CV | 1.335 kg |
Renault Mégane RS 225 | 2004 | 225 CV | 1.355 kg |
Ford Fiesta ST150 | 2004 | 150 CV | 1.135 kg |
SEAT León Cupra R | 2004 | 225 CV | 1.320 kg |
SEAT Ibiza Cupra 1.8T | 2004 | 180 CV | 1.160 kg |
MINI John Cooper Works R53 | 2004 | 210 CV | 1.145 kg |
Volkswagen Polo GTI 9N | 2005 | 150 CV | 1.190 kg |
Toyota Corolla Compressor | 2005 | 225 CV | 1.275 kg |
Nissan Micra 160SR | 2005 | 110 CV | 1.090 kg |
Citroën C2 VTS | 2005 | 125 CV | 1.045 kg |
Citroën C4 VTS | 2005 | 180 CV | 1.335 kg |
Ford Focus ST Mk2 | 2005 | 225 CV | 1.390 kg |
BMW 130i | 2005 | 265 CV | 1.450 kg |
Renault Clio RS 197 | 2006 | 197 CV | 1.240 kg |
Opel Astra H OPC | 2006 | 240 CV | 1.395 kg |
Peugeot 207 RC | 2006 | 175 CV | 1.325 kg |
SEAT León Cupra Mk2 | 2006 | 240 CV | 1.375 kg |
Mazda3 MPS Mk1 | 2006 | 260 CV | 1.485 kg |
Mitsubishi Colt CZT/Ralliart | 2006 | 150 CV | 1.070 kg |
Volvo C30 T5 | 2006 | 220–230 CV | 1.430 kg |
MINI Cooper S GP1 | 2006 | 218 CV | 1.090 kg |
Honda Civic Type R FN2 | 2007 | 201 CV | 1.324 kg |
Opel Corsa D OPC | 2007 | 192 CV | 1.205 kg |
Toyota Yaris TS 1.8 | 2007 | 133 CV | 1.055 kg |
MINI Cooper S R56 | 2007 | 175 CV | 1.205 kg |
Subaru Impreza WRX STI hatchback | 2008 | 300 CV | 1.505 kg |
Alfa Romeo MiTo Quadrifoglio Verde | 2009 | 170 CV | 1.145 kg |
Ford Focus RS Mk2 | 2009 | 305 CV | 1.467 kg |
Volkswagen Golf VI GTI | 2009 | 210 CV | 1.340 kg |
Volkswagen Golf VI R | 2009 | 270 CV | 1.540 kg |
Renault Clio RS 200 | 2009 | 200 CV | 1.240 kg |
SEAT León Cupra R Mk2 | 2009 | 265 CV | 1.375 kg |
Mazda3 MPS Mk2 | 2009 | 260 CV | 1.505 kg |
Alfa Romeo Giulietta Quadrifoglio Verde | 2010 | 235 CV | 1.395 kg |
Škoda Fabia RS 1.4 TSI | 2010 | 180 CV | 1.320 kg |
Volkswagen Polo GTI 6R | 2010 | 180 CV | 1.195 kg |
DS3 Racing | 2010 | 207 CV | 1.240 kg |
Lancia Delta 1.8 Di TurboJet | 2010 | 200 CV | 1.430 kg |
Abarth 500 Esseesse | 2010 | 160 CV | 1.035 kg |
Audi RS3 8P | 2011 | 340 CV | 1.575 kg |
Opel Corsa OPC Nürburgring Edition | 2011 | 210 CV | 1.205 kg |
Ford Focus ST Mk3 | 2012 | 250 CV | 1.435 kg |
Renault Mégane RS 265 | 2012 | 265 CV | 1.385 kg |
BMW M135i | 2012 | 320 CV | 1.500 kg |
Opel Astra J OPC | 2012 | 280 CV | 1.550 kg |
MINI Cooper S GP2 | 2012 | 218 CV | 1.160 kg |
Peugeot 208 GTI | 2013 | 200 CV | 1.160 kg |
Volkswagen Golf VII GTI | 2013 | 220–230 CV | 1.350 kg |
Audi S3 8V | 2013 | 300 CV | 1.465 kg |
Mercedes-AMG A 45 | 2013 | 360 CV | 1.555 kg |
Kia cee’d GT | 2013 | 204 CV | 1.360 kg |
Audi S1 | 2014 | 231 CV | 1.390 kg |
Alfa Romeo Giulietta QV | 2014 | 240 CV | 1.395 kg |
Peugeot 208 GTI 30th/by Peugeot Sport | 2014 | 208 CV | 1.160 kg |
Abarth 695 Biposto | 2014 | 190 CV | 997 kg |
MINI Cooper S F56 | 2014 | 192 CV | 1.235 kg |
Honda Civic Type R FK2 | 2015 | 310 CV | 1.382 kg |
Renault Clio RS 220 Trophy | 2015 | 220 CV | 1.220 kg |
Peugeot 308 GTI | 2015 | 250–270 CV | 1.205 kg |
MINI John Cooper Works F56 | 2015 | 231 CV | 1.280 kg |
SEAT Ibiza Cupra | 2015 | 192 CV | 1.185 kg |
Ford Focus RS Mk3 | 2016 | 350 CV | 1.524 kg |
Ford Fiesta ST200 | 2016 | 200 CV | 1.165 kg |
Volkswagen Golf VII GTI Clubsport S | 2016 | 310 CV | 1.285 kg |
BMW M140i | 2016 | 340 CV | 1.525 kg |
DS3 Performance | 2016 | 208 CV | 1.240 kg |
Opel Corsa E OPC | 2016 | 207 CV | 1.280 kg |
Honda Civic Type R FK8 | 2017 | 320 CV | 1.380 kg |
Hyundai i30 N Performance | 2017 | 275 CV | 1.430 kg |
Toyota Yaris GRMN | 2017 | 212 CV | 1.135 kg |
SEAT León Cupra 300 | 2017 | 300 CV | 1.365 kg |
Audi RS3 8V | 2017 | 400 CV | 1.595 kg |
Suzuki Swift Sport Mk3 | 2017 | 140 CV | 970 kg |
Volkswagen Polo GTI AW | 2017 | 200 CV | 1.280 kg |
Volkswagen up! GTI | 2018 | 115 CV | 1.070 kg |
Mercedes-AMG A 35 | 2018 | 306 CV | 1.555 kg |
Abarth 595 Competizione | 2018 | 180 CV | 1.110 kg |
Kia ProCeed GT | 2019 | 204 CV | 1.465 kg |
Mercedes-AMG A 45 S | 2019 | 421 CV | 1.635 kg |
BMW M135i xDrive F40 | 2019 | 306 CV | 1.600 kg |
Renault Mégane RS Trophy | 2019 | 300 CV | 1.450 kg |
MINI John Cooper Works GP3 | 2019 | 306 CV | 1.255 kg |
Toyota GR Yaris | 2020 | 261 CV | 1.280 kg |
Volkswagen Golf VIII GTI | 2020 | 245 CV | 1.460 kg |
Volkswagen Golf VIII R | 2020 | 320 CV | 1.550 kg |
CUPRA León VZ | 2020 | 300 CV | 1.460 kg |
Škoda Octavia RS Mk4 | 2020 | 245 CV | 1.515 kg |
Hyundai i20 N | 2021 | 204 CV | 1.190 kg |
Audi S3 8Y | 2021 | 310 CV | 1.555 kg |
Audi RS3 8Y | 2021 | 400 CV | 1.645 kg |
Volkswagen Polo GTI | 2021 | 207 CV | 1.350 kg |
Honda Civic Type R FL5 | 2022 | 329 CV | 1.429 kg |
Toyota GR Corolla | 2023 | 304 CV | 1.475 kg |
MG4 XPower eléctrico | 2023 | 435 CV | 1.800 kg |
Ford Focus ST Edition | 2024 | 280 CV | 1.510 kg |
Škoda Octavia RS actualizado | 2024 | 265 CV | 1.520 kg |
CUPRA Born VZ eléctrico | 2024 | 326 CV | 2.000 kg |
Alpine A290 GTS eléctrico | 2024 | 220 CV | 1.480 kg |
Abarth 600e Scorpionissima eléctrico | 2024 | 280 CV | 1.625 kg |
Volkswagen ID.3 GTX Performance eléctrico | 2025 | 326 CV | 2.000 kg |
Volkswagen Golf GTI Edition 50 | 2026 | 325 CV | 1.450 kg |
La tabla muestra cómo la potencia creció de una forma mucho más rápida que el peso.
El Honda Civic Type R EP3 ya cruzaba simbólicamente las fronteras de los 200 CV y los 1.200 kilos. El Focus RS pasó de 215 CV en 2002 a 305 en 2009 y 350 en su tercera generación. El Audi RS3 llegó a 400 CV y el Mercedes-AMG A 45 S superó incluso esa cifra.
Estos automóviles ya no son simplemente versiones deportivas de un compacto convencional. En prestaciones, frenada, tracción y capacidad dinámica se acercan a deportivos muy serios.
De hacer rápido un coche ligero a ocultar el peso con potencia
La transformación puede resumirse de una manera bastante sencilla.
Durante los años ochenta, muchos de estos coches pesaban entre 700 y 950 kilos y ofrecían entre 90 y 130 CV. En los noventa, el peso comenzó a acercarse a los 1.000 o 1.100 kilos, mientras la potencia alcanzaba con frecuencia los 150 o 160 CV.
A comienzos de los años 2000, los compactos comenzaron a superar los 1.200 y 1.300 kilos. Para compensarlo, aparecieron motores de 200, 225 y 250 CV.
Después llegó el salto definitivo: 300, 350 y más de 400 CV, diferenciales activos, cambios de doble embrague y tracción total.
El objetivo dejó de ser únicamente hacer rápido un coche ligero. La industria comenzó a construir coches mucho más potentes y sofisticados, capaces de disimular su peso mediante una enorme capacidad mecánica y electrónica.

Más rápidos, pero no necesariamente más aprovechables
Los compactos deportivos actuales son objetivamente mejores en casi todos los parámetros medibles.
Aceleran más, frenan mejor, generan más adherencia, protegen mejor a sus ocupantes y permiten viajar con una comodidad que muchos de sus antecesores no podían ofrecer.
Pero la diversión no siempre puede medirse mediante un cronómetro.
Antes, estos coches se disfrutaban por su ligereza, por la inmediatez de sus reacciones y porque había que trabajar para aprovechar cada caballo. No eran necesariamente muy rápidos, pero podían ser tremendamente divertidos.
Se movían, se balanceaban, serpenteaban y obligaban al conductor a intervenir constantemente.
Hoy, para acercarse al límite de un compacto de 300 o 350 CV, hay que viajar a velocidades mucho más serias. La enorme capacidad del chasis, los neumáticos y los frenos hace que sus posibilidades apenas puedan explorarse con responsabilidad en una carretera pública.
No es que hayan perdido la diversión. La han desplazado hacia otro escenario.
Su entorno natural es cada vez más el circuito, donde existe espacio suficiente para frenar fuerte, utilizar toda la potencia y acercarse al límite de un coche extraordinariamente eficaz.

La categoría que prácticamente ha desaparecido
Quizá el problema no sea que los compactos deportivos modernos hayan empeorado. Todo lo contrario: nunca habían sido tan rápidos y capaces.
Lo que prácticamente ha desaparecido es otra categoría distinta: la del pequeño GTI ligero, relativamente barato, sencillo de mantener y con una potencia que podía aprovecharse casi por completo en una buena carretera.
¿Qué coche nuevo puede sustituir realmente a un Peugeot 205 GTI, un Renault Clio RS 182 o un Suzuki Swift GTI?
Probablemente ninguno de forma directa.
Han existido intentos de conservar parte de aquella filosofía. El Suzuki Swift Sport mantuvo un peso inferior a la tonelada; el Volkswagen up! GTI recuperó deliberadamente una potencia modesta; el Hyundai i20 N ofreció una receta bastante tradicional; y el Toyota GR Yaris consiguió mantener un tamaño reducido y un peso razonable.
Pero incluso estos coches pertenecen ya a otro contexto técnico, normativo y económico.

¿Qué preferimos?
No creemos que una época sea necesariamente mejor que la otra.
Un compacto moderno de 300 CV puede ser una máquina extraordinaria: rápido, eficaz, seguro y capaz de enfrentarse en circuito a deportivos mucho más caros.
Un pequeño GTI de los años ochenta o noventa no puede competir con él en prestaciones, pero ofrece una relación más directa entre el conductor, el peso, el motor y la carretera.
Son dos maneras completamente diferentes de entender la conducción.
Una obliga a trabajar con lo que tiene.
La otra permite alcanzar prestaciones que hace unas décadas parecían imposibles en un automóvil práctico.
La pregunta permanece abierta:



















